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A finales del 2009, cuando se discutían de forma insistente los aspectos que se modificarían en la nueva constitución, y a pesar de sentir una gran simpatía por los integrantes del movimiento, expresamos nuestra oposición y divergencia con la posición de aquellos que planteaban que  esa no era su constitución. También criticamos cuando se llegó a plantear la desobediencia civil a la constitución.

Debemos reconocer que nunca pensamos que llegaría el día en el que contaríamos al principal  promotor de esa constitución entre los que no la consideraban suya. Nunca nos imaginamos que llegaríamos a defender esa constitución, en defensa del imperio de la ley y de la institucionalidad, de quien hasta “padre” de la misma se ha proclamado.

Pero el día ha llegado.

En su discurso del viernes pasado, el presidente planteo una serie de ideas que mientras ponen en duda su capacidad jurídica, no dejan ninguna duda de su mala fe y de su convencimiento de la incapacidad de conceptualizar del pueblo Dominicano.

Nuestro presidente reconoce que la constitución prohíbe la “reelección consecutiva” en su artículo 124. Y no está de más tampoco señalar la redundancia, pues solo la “consecutiva” es “reelección”.  Pero lo trascendental es que el presidente decide divorciarse de la constitución al señalar  como “destacados juristas han argumentado que la misma no tendría aplicación (para él)…en razón de lo indicado…sobre la irretroactividad de la Ley…”

Es posible que esos “destacados juristas” desconozcan la jurisprudencia Dominicana en cuanto a este punto. Nuestra Suprema Corte de Justicia ya ha declarado “…que las normas constitucionales pueden tener efecto retroactivo y alterar o afectar situaciones jurídicas establecidas conforme a una legislación anterior…”. (Sentencia de Septiembre de 1995, BJ. 1018) También es posible que esos mismos juristas hayan sido quienes elevaron ese recurso perdidoso en su oportunidad.

Pero aun para quienes ignoren la jurisprudencia, la razón sería suficiente para descubrir la falacia. Si fuera cierto que el artículo 124 no le es aplicable al presidente Fernández, por motivo de no retroactividad de la constitución, entonces le aplicaría el artículo 49 de la constitución del 2004, en cuya virtud y ya habiendo sido electo a su segundo periodo consecutivo, no podría “…postularse jamás…”

El presidente luego propone “otro mecanismo” según el cual podría postularse, si el primer argumento “no fuera suficiente”: Por medio de un referendo consultivo o uno aprobatorio (Artículos 210 y 272) y es aquí donde el presidente realmente nos deja perplejos, pues parece que nadie le explicó al presidente, que inclusive lo cita en su discurso, que el referendo consultivo no puede tratar sobre esa materia (Art.210 numeral 1) y que el referendo aprobatorio es solo la parte final de una reforma constitucional especial y que previamente requiere del procedimiento de modificación constitucional reglamentario. (Entendiendo que el artículo 272 es la continuación en cuanto a la materia del articulo 271)

Quizás el presidente se haya dejado convencer de los argumentos melosos de sirvientes serviles que han llegado a plantear que “la constitución es inconstitucional” en cuanto limita “el legitimo derecho” del presidente a aspirar a ser elegido. Quizás sus lacayos también desconozcan el principio que establece que “la constitución no puede ser inconstitucional”. Principio que ha sido consignado también por jurisprudencia reciente, cuando en el 1995 nuestra Suprema Corte de Justicia declaró “…que las disposiciones de la Constitución no pueden ser contrarias a sí mismas…”  (Sentencia de Septiembre de 1995, BJ. 1018)

El presidente entiende que “…no existe nada de pecaminoso, ilegítimo o ilegal en intentar…” lo que todos miramos con repugnancia. La violación descarada de la constitución que el mismo promovió y que está llamado a respetar y defender. Debemos además agradecerle el gesto, porque no decidió repostularse no porque no pudiera (sic) sino porque “no le dio la gana”…

Al fin y al cabo, esa no es su constitución…

 

Neo-pseudo-Anarquía

La anarquía, como teoría política-filosófica, es atractiva e interesante. En la práctica, pocas veces se ha visto. Nunca en comunidades extensas.

La anarquía no plantea desorden, como falsamente se cree, quizás por el abuso que los medios, por ignorancia o mala intención, han hecho del término. La anarquía más bien plantea autorregulación, autogobierno, gobierno autónomo, pero ordenado. Es sumamente difícil lograr hacerlo funcionar y en comunidades grandes, prácticamente imposible.

Pero hoy no nos queremos referir a la anarquía, sino a lo que con frecuencia llamamos anarquía, que es más bien una forma de pseudo-anarquía. Como se podrá suponer ya, la seudo-anarquía es todo aquello que conocemos como anarquía, lo que hemos entendido siempre como anarquía: el desorden, el caos, la ausencia total de autoridad, la indefensión, la falta de ordenamiento jurídico, la ley de la selva o del más fuerte…

Lo que llamamos democracia hoy en día, en mucho se parece a la seudo-anarquía.
Nuestro llamado, nuestra misión como jóvenes y nuestra meta no debe ser la destrucción del Estado y de sus instituciones, sino mas bien el fortalecimiento de las mismas.

Nuestra misión es mejorar el Estado para llegar a vivir una verdadera democracia, participativa, justa, igualitaria, proporcionada, cargada de oportunidades basadas solo en capacidades y aptitudes, una sociedad verdaderamente democrática. Una sociedad ideal. Nuestro llamado es a la creación de una sociedad ideal, no a la destrucción de la misma.

Es por eso que nos oponemos a iniciativas que tiendan a la destrucción del Estado o al debilitamiento de sus instituciones. Rechazamos la reelección, rechazamos la imposibilidad de defenestrar a cualquier funcionario público que incurra en actuaciones indebidas, rechazamos la entrega servil de nuestras playas, de nuestro patrimonio ecológico, de nuestro oro, de nuestra soberanía financiera por medio de préstamos irracionales e injustificados, rechazamos a congresistas corruptos, incapacitados, oligofrénicos, violentos y analfabetos…tal y como rechazamos la idea de que “Esa no es mi constitución”…

No podemos alienarnos de la constitución, legalmente aprobada, aun sea un adefesio, sin convertirnos en lo que rechazamos. La vía de cambiarla, es por medio de la modificación posterior. A eso aspiramos.

No estamos de acuerdo con la capitalización de un disgusto generalizado y una frustración patentes sin una meta clara. El sistema de partidos políticos, a pesar de toda su putrefacción y corrupción, es lo que media entre la sociedad organizada y el caos que viven otros países.

Nuestra responsabilidad es crear. Proporcionar a nuestra sociedad una verdadera opción, viable, transparente, coherente, atractiva, fresca, diferente. No estamos de acuerdo con el voto por “ninguno”, candidato por demás traído por los pelos y fracasado en otros países.

No estamos ni estaremos de acuerdo con nada que debilite nuestro frágil sistema democrático. No nos interesa la pseudo anarquía de nueva era. Nos interesa una evolución creativa, positiva y progresiva de nuestro Estado. No la destrucción de las instituciones que sostienen lo poco que tenemos. No somos un Estado fallido, pero con algo de esfuerzo podríamos llegar a serlo…

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