Una de las piezas fundamentales de una nación es el respeto que los ciudadanos tienen por las leyes y normas que rigen el aparato social de la misma. Uno de los problemas fundamentales de nuestra nación es la falta de educadores con los niveles técnicos requeridos para transmitir conocimiento. Muchos carecen hasta de los niveles requeridos para entender los contenidos que están supuestos a enseñar.

Y a pesar del drama que significa tener a un maestro que no domine los contenidos que esta llamado a enseñar, hay algo que nos preocupa más aun. El maestro, más que transmisor de conocimiento, es formador. El maestro debe ser un ejemplo. Debe ser un modelo de acciones cívicas, de respeto a las normas, de comportamiento publico, de modales y de respeto a las leyes.

¿Qué puede esperar una nación de formadores delincuentes?

Quien viola la ley delinque y quien delinque de forma habitual es un delincuente. El ministro de educación es un delincuente.

En el caso de los estudiantes acusados de pasar las pruebas nacionales de forma fraudulenta, se condeno a todos los estudiantes que tuvieron un patrón de respuestas correctas e incorrectas. Era imposible saber quienes eran culpables y quienes inocentes. Este sistema garantizaba que por lo menos algunos inocentes fueran sancionados.

Esta medida era manifiestamente ilegal e inconstitucional. No se puede condenar sin que haya una acción punible que pueda ser individualizada y atribuible directamente al imputado. Pero  se prefirió sancionar a algunos inocentes antes que dejar escapar a los culpables. Cuando los tribunales fallaron en contra del ministerio de educación el ejemplo fue desacatar las sentencias de los tribunales.

Hace algún tiempo, cuando se reclamaba el 4% del PIB que la ley establece para educación, el ministro dijo que el ni sabría que hacer con todo ese dinero. El ministro parece creer que la ley es opcional (Y desconocer el concepto de renuncia)

Ya en los últimos días en un intento de divertir la atención del encendido debate sobre el 4% para la educación, el ministro anuncia un cambio curricular y de los textos, sin la sanción del consejo de educación. Una violación más a la ley. Ante el escándalo solo responde: Todo seguirá según lo planeado.

¿Puede avanzar un país  de formadores delincuentes?