La anarquía, como teoría política-filosófica, es atractiva e interesante. En la práctica, pocas veces se ha visto. Nunca en comunidades extensas.

La anarquía no plantea desorden, como falsamente se cree, quizás por el abuso que los medios, por ignorancia o mala intención, han hecho del término. La anarquía más bien plantea autorregulación, autogobierno, gobierno autónomo, pero ordenado. Es sumamente difícil lograr hacerlo funcionar y en comunidades grandes, prácticamente imposible.

Pero hoy no nos queremos referir a la anarquía, sino a lo que con frecuencia llamamos anarquía, que es más bien una forma de pseudo-anarquía. Como se podrá suponer ya, la seudo-anarquía es todo aquello que conocemos como anarquía, lo que hemos entendido siempre como anarquía: el desorden, el caos, la ausencia total de autoridad, la indefensión, la falta de ordenamiento jurídico, la ley de la selva o del más fuerte…

Lo que llamamos democracia hoy en día, en mucho se parece a la seudo-anarquía.
Nuestro llamado, nuestra misión como jóvenes y nuestra meta no debe ser la destrucción del Estado y de sus instituciones, sino mas bien el fortalecimiento de las mismas.

Nuestra misión es mejorar el Estado para llegar a vivir una verdadera democracia, participativa, justa, igualitaria, proporcionada, cargada de oportunidades basadas solo en capacidades y aptitudes, una sociedad verdaderamente democrática. Una sociedad ideal. Nuestro llamado es a la creación de una sociedad ideal, no a la destrucción de la misma.

Es por eso que nos oponemos a iniciativas que tiendan a la destrucción del Estado o al debilitamiento de sus instituciones. Rechazamos la reelección, rechazamos la imposibilidad de defenestrar a cualquier funcionario público que incurra en actuaciones indebidas, rechazamos la entrega servil de nuestras playas, de nuestro patrimonio ecológico, de nuestro oro, de nuestra soberanía financiera por medio de préstamos irracionales e injustificados, rechazamos a congresistas corruptos, incapacitados, oligofrénicos, violentos y analfabetos…tal y como rechazamos la idea de que “Esa no es mi constitución”…

No podemos alienarnos de la constitución, legalmente aprobada, aun sea un adefesio, sin convertirnos en lo que rechazamos. La vía de cambiarla, es por medio de la modificación posterior. A eso aspiramos.

No estamos de acuerdo con la capitalización de un disgusto generalizado y una frustración patentes sin una meta clara. El sistema de partidos políticos, a pesar de toda su putrefacción y corrupción, es lo que media entre la sociedad organizada y el caos que viven otros países.

Nuestra responsabilidad es crear. Proporcionar a nuestra sociedad una verdadera opción, viable, transparente, coherente, atractiva, fresca, diferente. No estamos de acuerdo con el voto por “ninguno”, candidato por demás traído por los pelos y fracasado en otros países.

No estamos ni estaremos de acuerdo con nada que debilite nuestro frágil sistema democrático. No nos interesa la pseudo anarquía de nueva era. Nos interesa una evolución creativa, positiva y progresiva de nuestro Estado. No la destrucción de las instituciones que sostienen lo poco que tenemos. No somos un Estado fallido, pero con algo de esfuerzo podríamos llegar a serlo…

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