La policía y los encapuchados. ¿Qué tan pendejos somos?

En los últimos días hemos escuchado con insistencia la versión de que “encapuchados” infiltran las protestas populares y los resultados son manifestantes, ciudadanos comunes e inocentes muertos.

La policía, como regla general y previo a toda investigación, culpa las muertes a estos “encapuchados” (Se han llamado también en el pasado “incontrolables”, “banda colorá”, etc.)

Lo interesante es que estos “encapuchados” siempre agreden a las masas a las que supuestamente pertenecen. Primer problema.

El segundo problema consiste en el principal punto desde el punto de vista criminológico: El móvil. ¿Quién gana? Muchos dirán que la oposición, pues el gobierno se “desacredita”. Además de que nadie que tenga algo de credibilidad se atreve a afirmar esto, con un gobierno tan indolente como este, ese no es un buen móvil. Lo que si es cierto es que este gobierno se ha caracterizado por una excesiva irritabilidad y una hipersensibilidad violenta contra las protestas. Son alérgicos a las protestas y ya hemos visto como numerosas manifestaciones PACIFICAS, han sido agredidas por la policía, que en algunos casos han llegado a acciones verdaderamente bochornosas, como la aspersión de materias fecales sobre manifestantes.

Parecería mucho más lógico que un gobierno con estas características, incursionara en la formación de estos grupos de “encapuchados”, con el fin de amedrentar a los manifestantes. La fallida mediación del jefe de la policía en una de las últimas manifestaciones que acabo con muertos y heridos, apunta también en esta dirección.

El tercer punto viene a reforzar nuestra hipótesis. Y es que los famosos “encapuchados” fueron capaces de accionar en un pueblo tan pequeño como Bonao y salir impunemente, a pesar de la presencia de un contingente de agentes SWAT, que aparentemente, no solo los dejaron accionar, sino también escapar campantemente.

El cuarto punto es el relativo a la coherencia de acción. En el día de ayer la policía somete a un agente por asesinar a un joven en Capotillo. El otro joven parece haber sido asesinado por otro agente que todavía no se identifica. Todo esto en la gestión de un jefe de la policía conocido por sus hazañas contra los jóvenes de San Francisco de Macorís.

Todo apunta en una dirección. Los incontrolables han vuelto. La pregunta obligada es ¿Lo permitiremos nosotros de brazos cruzados?