Hace unos años un candidato presidencial se refirió a un gobierno corrupto y utilizo la analogía de que el gobierno estaba tan podrido que por todas partes, si se le tocaba salía pus.

En una película del año 2000 dirigida por Steven Soderbergh que relata historias de diferentes de personajes vinculados con el narcotráfico entre México y Estados Unidos (Traffic) se habla de un concepto interesante sobre el trafico de drogas: Lo que se atrapa es siempre un porcentaje de lo que esta pasando. Por esto, cuando aumentan las intercepciones de drogas, esto es una señal inequívoca de que el tráfico también ha aumentado.

En los últimos años y sobre todo desde la subida al poder de ese candidato al que nos referíamos en principio, nadie puede negar que las incautaciones de drogas, el involucramiento de las fuerzas armadas y de la policía nacional en el narcotráfico, los actos criminales típicos del crimen organizado (Secuestros, ejecuciones, masacres, etc.) y la inseguridad ciudadana se han multiplicado de forma verdaderamente vertiginosa.

El gobierno ha puesto toda su maquinaria mediática a proclamar que el aumento en las operaciones, en los descubrimientos de organizaciones criminales dentro de la policía y las fuerzas armadas y en los actos de crimen organizado son algo bueno, serian –según ellos- la señal de una política decidida contra el crimen organizado, particularmente el trafico de drogas. El problema es que se trata de obviar el punto que tratamos sobre la relación trafico/incautación.

Parecería que huyendo de un gobierno relativamente corrupto hemos caído en la corrupción total. Los hechos de los últimos meses, que se agravan con los días con descubrimientos mas y mas tenebrosos, noticias de ejecuciones de personal oficial que ha dado voz de alarma, nuevos grupos policiales podridos, remociones de destacamentos completos y rumores de conflictos entre grupos criminales dentro de las fuerzas armadas y la policía nacional disputándose el poder, con la mirada al menos benevolente de las máximas autoridades, nos obliga a hacernos una pregunta:

¿Es que hemos dejado el queso al cuidado de los ratones?

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