Cuando se cae en una falta de forma consuetudinaria, esta se convierte en costumbre. Las malas costumbres tienden a esclavizar hasta el punto de que se hace imposible actuar de otra forma.

Este gobierno ha tomado la costumbre de mentir de forma habitual, descarada y grotesca. Es por eso que la famosa “Cumbre” ha tenido tantas dificultades con la credibilidad.

También ha sido costumbre de este gobierno el violar la ley de forma habitual. Se creyeron aquello de los que están “por encima de la ley”. Las citas no son necesarias. La memoria no nos puede fallar cuando el malestar de la ultima “proeza institucional”, protagonizada por la Suprema Corte a la luz de un famoso caso, es tan reciente.

Ante el justificado clamor de que se suspendiera la reforma constitucional si se tenían intenciones serias en la cumbre, la respuesta fue el silencio. ¿Cómo se podía esperar que se creyera en la seriedad de una cumbre, cuando uno de los temas más legítimos, la constitución, seria un tema improcedente, ante un activo proceso paralelo de reforma?

El presidente ayer anuncio la “suspensión” del proceso de reforma por 30 días. Ya la cámara de diputados había aprobado el proyecto, previamente aprobado por el senado, declarando la necesidad de modificar la constitución.

La constitución, en su artículo 41 obliga al presidente a promulgar u observar las leyes en un plazo de 8 días, debiendo publicarla en un plazo máximo de 15 días. El artículo 117 de la constitución establece que el proyecto de reforma no puede ser observado por el poder ejecutivo.

Habiendo sido aprobado por la cámara de diputados en el día de ayer, las opciones son pocas: O se viola la constitución y se retarda el proceso de forma irregular o ayer, cuando se anuncio la “suspensión” se mintió.

En ninguno de estos casos habrá sorpresa. Ambas opciones ya son costumbre.

.