Ya en el pasado nos hemos referido al problema que presenta la pena de muerte.

Ya hemos criticado y expresado nuestra preocupación por los linchamientos que se han ido haciendo cada vez mas frecuentes y revelan como la población ha ido perdiendo respeto por el valor de la vida ante la frustración que genera la criminalidad.

Lo que mas nos preocupa y también a eso nos hemos referido es que cuando la población se hace insensible a los linchamientos y celebra las ejecuciones extrajudiciales y “demuestra su apoyo” a las ejecutorias de una policía que ya ha roto récords en “intercambios de disparos” se abre una tenebrosa puerta.

Cuando permitimos que un policía ejecute a personas por las razones que sean lo convertimos en un verdugo y un asesino. Luego ¿Qué hacemos con ese asesino? ¿Podremos controlarlo? ¿Podremos garantizar que no matara a personas por razones pasionales en su barrio cuando mata a diario? ¿Cómo sabemos que no matara por dinero?

Hace unos días vimos como el hijo de un profesor universitario se salvo milagrosamente de una ejecución sumaria sin ningún tipo de razón. También vimos como la policía alego que cinco personas murieron en el mirador en un “intercambio de disparos” cuando se preparaban para un asalto a la cervecería. Para luego descubrir que tal y como lo había denunciado Juan Hubieres, fueron ejecutados.

La policía, convertida en órgano criminal y asesino, ahora ejecuta rindiendo servicio al crimen organizado.

Ese es el problema, que de una política esencialmente mala de ejecuciones extrajudiciales , no podemos esperar que salga nada bueno.
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La violencia no trae paz, salvo la paz del cementerio…
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