Hace unos días Euclides Gutiérrez Feliz escribió un artículo criticando acremente, por no decir vulgar, las declaraciones del presidente del PRD, Ramón Alburquerque, en cuanto a que Leonel Fernández seria responsable, inclusive penalmente, por la compra, evidentemente a sobreprecio, de los aviones Súper Tucanos. Ya en esto el presidente es reincidente, pues debemos recordar que los vagones del metro también fueron sobrevaluados.

Independientemente de lo ridículo que resulta escribir un artículo criticando de forma vulgar unas declaraciones que por demás son coherentes con las declaraciones del mismo autor unos días antes, debemos decir que hay insultos que son lisonjas.

Cualquier insulto que venga de un antiguo fiel servidor del tirano que hundió este país en uno de los capítulos más tristes y escabrosos de nuestra historia debe tomarse como tal, como un honor, como un elogio. El haber tenido una participación en la guerra de abril no borra sus actuaciones previas, sobre todo porque el se ha encargado de reivindicarlas y de expresar su orgullo por las mismas. Su último libro es prueba fehaciente. Su historia esta ahí…

Ramón Alburquerque debería sentirse honrado, pues cuando personas de esta calaña nos critican, solo queda sentirnos orgullosos. Casi nos debe provocar pensar, como el Quijote de Cervantes, “Nos ladran, Sancho, señal de que avanzamos”…

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