Hace unos días escuchamos al secretario de estado de hacienda expresar que no era conveniente ni posible reducir el gasto en tiempos de crisis pues sería como “tirarle un salvavidas de plomo” a la economía dominicana. La explicación de Bengoa se basa en el principio de políticas económicas anticíclicas, según la cual en un momento de recesión como este, se impone expandir el gasto antes que reducirlo.

Cualquiera podría pensar que es razonable que en momentos en los que la economía se encuentra en recesión (lo que dicho sea de paso el gobierno nunca ha reconocido) se expanda el gasto. Ampliar el gasto contribuiría a reactivar la economía y combatir el proceso de recesión. El problema es que el principio anticíclico indica que se debe, como su nombre lo indica, tomar medidas contrarias al ciclo de la economía, expandir el gasto en recesión, sí, pero también reducir el gasto cuando la economía esta en crecimiento, y esa es la parte que nunca se cumplió.

Estas declaraciones no serían tan risibles si el gobierno, con una economía que “creció” aceleradamente durante los últimos cuatro años, no hubiera expandido el gasto de forma tan vertiginosa, principalmente en nomina. El gobierno rechazó y se rehusó empecinadamente a contraer el gasto en momentos en que la economía se expandía, por lo que ahora no puede alegar que cree en medidas anticíclicas, pues en cuatro años ha demostrado no creer en esos principios.

Debemos admitir, sin embargo, que a pesar de cuatro años de una política económica equivocada, en este momento la medida correcta es expandir el gasto. Solo que no como lo plantea el gobierno. Expandir el gasto, pero eficientizándolo y concentrándolo en las áreas que tiendan a reactivar la economía. La construcción de obras de infraestructura básica contribuiría, pero no puede olvidarse la seguridad social, la educación y la salud, sin los cuales no es posible el desarrollo. No podemos hablar de expandir el gasto en nómina, como se ha venido haciendo, pues esto no va a reactivar la economía ni a sacarla de la recesión en la que se encuentra.

Tampoco es creíble que se quiera justificar la expansión del gasto del gobierno mientras el gasto de los consumidores, que es el que más potencial tiene de reactivar la economía, continúa atado de pies y manos, por unos intereses bancarios que en los últimos meses han incrementado en más de un 30%.

El gobierno, una vez más, intenta justificar unas políticas clientelistas y una visión de repartírselo todo que nunca ha sido más inoportuna. Expandir el gasto en nomina mientras el crédito sigue restringido y sectores como salud y educación reciben, en términos porcentuales, la menor inversión en los últimos 5 años es una verdadera locura.

Los funcionarios peledeístas siguen presumiendo que los demás somos indios.

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