Por meses hemos hablado de las consecuencias de políticas publicas irresponsables y a riesgo de parecer demasiado insistentes o de sonar pesimistas, debemos analizar el día de hoy, hacia donde va el país y su economía…

Cuando el gobierno negaba el déficit fiscal hasta el punto de calificar de “voces distorsionantes y confusionistas” a quienes hablaban del mismo, parecía que solo nos hacíamos eco por razones políticas. Hoy, que ya han pasado las elecciones, encontramos que el déficit es grave, histórico y que no hay dinero ni para pagar la luz que los consumidores ya hemos pagado, porque hasta ese dinero se gastó en la francachela. Los intentos patéticos de Radhames Segura de negarlo han chocado con una dura realidad que lo ha forzado a finalmente tener que reconocerlo. El gobierno esta quebrado.

Por otro lado tenemos la crisis del Banco Central y la economía en general. Las reservas en dólares se están esfumando en una defensa inútil de un peso inflado de forma artificial. Las últimas subastas de certificados de depósitos han sido declaradas desiertas porque los actores entienden que el riesgo es demasiado alto y exigen intereses imposibles. Los inversionistas institucionales –actores informados- han ido reduciendo sus inversiones, mientras el publico –actor poco informado- ha ido aumentando su participación. Mientras tanto, la inflación está en niveles que no se habían visto desde el 2002. Por otra parte, el gobierno que hablo en campaña de una economía blindada se encuentra ahora con un turismo de capa caída y las estimaciones de ingresos se han caído en cerca de un 10%.

La situación es grave. Los pueblos están encendidos en protestas por unas condiciones que el gobierno no esta en capacidad de mejorar, principalmente la deuda con las generadoras, estimada en 500 millones de dólares. La presión sobre el peso sigue creciendo, ante la imposibilidad del Banco Central de renovar unos 30,000 millones en certificados de depósitos. El sector bancario peligra, ante el deterioro de una cartera que ha visto aumentos de un 30% en los intereses. El sector importador de vehículos esta al borde de la quiebra, con ventas que han caído en mas de un 40%. Los sectores agrícolas están quebrados, la crisis de los cebolleros basta como ejemplo. Las operaciones del metro probablemente se retrasaran por el enorme subsidio que requiere. El salario de navidad podría peligra. Un gobierno que recién se inaugura no tiene capital político para aumentar los impuestos. La delincuencia crece a la par del desempleo y la crisis que se ve en las caras de los pobres comienza a parecerse a la desesperación.

Si el presidente no reacciona y entiende rápido que los tiempos de jeques árabes, macro economías fuertes y economías blindadas ha pasado, no podemos predecir lo que podría pasar.

Se acerca la tormenta…

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