El día de ayer leímos con pena y preocupación las declaraciones del Cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez.

Leímos las declaraciones y sabemos que cuando el dijo que “su opinión personal” era que apoyaba la ley de derribo de naves aéreas y hundimiento de naves marítimas era solo eso, su opinión personal.

Lo que pasa, y donde nos apena que el cardenal no haya reflexionado más antes de emitir esas declaraciones, es que no todos los dominicanos entienden que como obispo que es, y más aun, como hombre que es, puede tener una opinión personal que no necesariamente compromete la posición de la iglesia católica.

Nos parece que el sabe muy bien de esto y que quizás lamenta las declaraciones, aun cuando quiso decir lo que dijo. No siempre las palabras se interpretan como lo desea quien las emite, y una persona de su jerarquía es muy conciente de eso.

A la iglesia católica no le faltan enemigos y no faltara quien aproveche estas declaraciones para agredir a la iglesia una vez más y cosechar en la ignorancia de la gente, que en este país es vasta.

La iglesia católica se opone a la pena de muerte, al aborto, a la eutanasia y a todo lo que vaya contra la vida y la dignidad humana. La iglesia católica evidentemente rechaza cualquier ley que vaya a autorizar el derribo de naves civiles, aun sus ocupantes sean traficantes de drogas. Solo Dios tiene autoridad sobre la vida y la muerte, porque solo el da la vida.

La conferencia del episcopado dominicano, verdadera voz de la iglesia católica dominicana, debería emitir una aclaración en este sentido. En este momento, seria el menor de los males.

Anuncios