En los últimos días hemos tenido tragos amargos en el ámbito económico. Desde la campaña electoral sabíamos que esto venía y lo advertimos con suma insistencia. Nunca temimos caer en la necedad, porque estábamos convencidos de que esto vendría.

Ahora hemos visto como el gobierno ha admitido un déficit fiscal de más de 20,000 millones, cuando antes dijeron que los que hablaban de déficit eran voces “distorsionantes y confusionistas”.

Hemos visto como después de una mejoría en los apagones en los meses pre-electorales, ahora sufrimos apagones sin precedentes. Se habla de apagones de más de 20 horas de forma generalizada. Aun los que disfrutan de poderosos inversores y plantas han sufrido en los últimos días las consecuencias de abusar de ellos.

Hemos visto como se aplica una política pro-cíclica cuando lo que se impone es una política anti-cíclica como advierte hoy mismo el superintendente de valores. Muchos hemos sufrido ya la amarga experiencia de ver nuestros préstamos personales, hipotecarios y prendarios (vehículos) aumentar alrededor de un 30%. No hemos tenido ningún aumento salarial para compensar. Hemos tenido que comenzar a recortar lo único que nos faltaba: La comida.

Este aumento en las tasas de interés es un fallido intento del Banco Central de defender la tasa de cambio mediante una reducción del circulante que tiene como objetivo reducir el gasto de la población y los empresarios. Pero el gasto de la población y los empresarios ya estaba reducido, porque tenemos ya mucho tiempo en crisis y no fue el gasto de esos grupos el que generó el problema en primer lugar, sino una política de gasto público desenfrenada que se desbocó ya de forma absoluta para garantizar una infeliz reelección.

Hemos leído con estupefacción como el secretario de Estado de economía reconoce de forma pública la violación a la ley de hidrocarburos. La admisión de que el gobierno retiene parte (La mayor parte) de las reducciones que debían producirse como consecuencia de la reducción de los precios internacionales del petróleo. Un cálculo rápido nos indica que el gobierno retiene unos 50 pesos por galón por concepto de retención ilegal de reducciones al día de hoy. Unos 1500 millones de pesos mensuales. Todo el dinero del mundo mas dos pesos.

El gobierno pretende seguir gastando sin control y quiere que el pueblo se ajuste el cinturón.

Lo que no hemos leído en muchos sitios y lo que no creímos que veríamos, y ahí quizás fuimos demasiado inocentes, es que el gobierno ya ha utilizado el 40% de los fondos de pensiones para estabilizar la moneda. Una autorización que comenzó en una inversión de 20% de los fondos de pensiones en instrumentos del Banco Central ya va en 40%. El Banco Central ya ha visto como las ultimas subastas han sido declaradas desiertas y ha gastado unos 500 millones de dólares de las reservas para defender el peso y sin embargo ya el dólar anda en 35.20. Entre agosto y diciembre vencen más de 30,000 millones y las perspectivas de renovación no son buenas.

Lo único que podemos prever es que los fondos de pensiones acabarán en un 100% en el Banco Central para compensar el desinterés del público. Nunca pensamos que ese dinero que sangramos cada mes acabaría allí.

Nuestros peores temores se confirman…

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