Vimos como el senador de la provincia de Baní hizo unas denuncias que en principio parecieron exageradas, pero que los hechos se encargaron de probar tristemente ciertas.

A partir de ahí vimos como se hizo un informe a la carrera, como se quiso sacar gente del expediente, como trasladaron altos oficiales y como se concluyo con un mamotreto incompleto, a decir de la mayor parte de los entes creíbles de la sociedad y muchísimos testimonios y que el jefe de la policía, asumiendo un fardo muy pesado, defiende.

También vimos como un partido como el PLD no apoyo a Guerrero y como el comité político a mas de un mes de haber dicho que el tema seria discutido no se dignado conocerlo.

Hemos visto como el secretario de interior y policía amenazo al senador con sanciones si seguía discutiendo el tema en público.

Supimos de la irresponsabilidad de mucha gente a la que se estuvo denunciando esto en privado por años sin que se dignaran tomar medidas.

Leímos de las amenazas de muerte y del atentado a miembros de la familia del senador.

Entendemos los riesgos que el senador ha corrido al hacer esta denuncia.

Lo que no entendemos y lo que nos indigna, es que un procurador irresponsable, al que se había reportado esta situación en más de una ocasión, sin que hubiera asumido una sola acción publica, se permita poner en tela de juicio la honra de ese senador y de su familia en un momento como este. Que se permita insinuar que un hijo del senador estuvo preso en Estados Unidos, sabiendo que fue un caso de una infracción de transito y sabiendo también que el morbo de la gente pensaría inmediatamente que se trataba de algún crimen o de narcotráfico.

Es esa maldita costumbre de este país de culpar al que denuncia y no al criminal. En este país el malo no es el que comete el crimen, sino el que lo descubre.

¿Hasta cuando estarán los pájaros tirándole a las escopetas?

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