Corría el final de la década de 1920, los Estados Unidos estaban sumidos en la que hoy conocemos como la gran depresión. La Republica Dominicana era gobernada por Horacio Vázquez, quien sufrió la embestida de esa terrible crisis económica con un país sin los medios necesarios para enfrentarla. Falta de decisión, de conocimiento, de experiencia y muchos otros factores aderezaron las circunstancias del momento. Entre los sombríos resultados de aquel trance… una dictadura que como la de Trujillo nos oprimió por 3 décadas. Los daños fueron tan profundos que todavía hoy no nos hemos librado completamente de esa época.

La situación económica de los Estados Unidos hoy se perfila como una de las peores de la historia de esa nación. Algunos ya han expresado sus dudas de que pueda resolverse en el mediano y corto plazo. Otros han comenzando a compararla con la gran depresión del 1929. Los pronósticos son inciertos. En momentos en los que lo más importante es buscar formas de que esta tenga efectos limitados, nos enfrascamos en un plan de reforma constitucional que tiene como principal objetivo permitir la perpetuación de una figura.

Sin ánimos pesimistas, y luego de observar los incidentes de coerción y limitación a las libertades publicas y a la disensión que hemos observado recientemente, el abuso incalificable de anoche en el que equipos SWAT sacaron con violencia de la secretaria de salud publica a un grupo de médicos que hacían una huelga PACIFICA de hambre y ese ánimo autoritarista que ya es postura oficial en los funcionarios públicos, no podemos dejar de hacer la reflexión obligada. Si un gobierno incompetente y una crisis nos dieron a un Trujillo. ¿Qué podría darnos una nueva crisis, otro gobierno incompetente, un partido autoritario de orígenes comunistoides y una figura que ha incentivado el culto a la personalidad?

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